Modesto Lafuente
Historia General de España - III
Historia General de España 03
Modesto Lafuente
Historia General de España 03
Continuó el hijo de Almanzor sus incursiones periódicas, ni notables por su brillo ni fecundas en resultados, hasta el 1005 en que otorgó a los cristianos una tregua, que equivalió para ellos a una paz. Debieron mover a los leoneses a solicitar esta transacción algunas desavenencias ocurridas con el conde de Castilla, y apoyó y esforzó su instancia el walí de Toledo Abdallah ben Abdelaziz, uno de los más antiguos y fieles caudillos de Almanzor. Motivaba este interés del walí toledano en favor del monarca leonés lo siguiente. Entre las cautivas cristianas que Abdallah tenía en su poder se hallaba una hermosa doncella, hacia la cual concibió el walí una pasión vehemente. Supo que aquella linda joven era hermana del rey de León y pidiósela en matrimonio. Accedió Alfonso a darle su hermana como medio y condición de alcanzar la paz de Abdelmelik. Celebráronse las paces, y también las bodas muy contra la voluntad de Teresa, que así se llamaba la princesa cristiana. Cuenta la crónica que la noche de las bodas le dijo a su mal tolerado esposo: «Guárdate de tocarme, porque eres un príncipe pagano: y si lo hicieres, el ángel del Señor te herirá de muerte». Rióse de ello el musulmán, y desatendió su intimación. Mas no tardó en arrepentirse de ello, porque a poco tiempo se cumplió el fatal vaticinio, y como el Wali sintiese acabársele la vida, llamó a sus consejeros y sirvientes, mandó que devolviesen a su hermano la joven desposada, tan bella cautiva como infausta esposa, y que fuese conducida a León, acompañando el mensaje con ricos dones de oro y plata, joyas y vestidos preciosos. Abdallah falleció al poco tiempo: Teresa profesó de religiosa en un convento, y en este estado murió en Oviedo en el año 1039.
Muerto Abdallah, y espirado que hubo también el plazo de la tregua, invadió de nuevo Abdelmelik las tierras de Castilla (1007), desmanteló a Ávila, Gormaz, Osma y otras fortalezas que los cristianos habían ido reparando: avanzó por Salamanca a Galicia y Lusitania, y regresó a Córdoba, donde solo se detuvo a preparar la campaña de la primavera siguiente. Emprendió esta hacia el interior de Galicia (1008), «al frente, dicen las crónicas árabes, de cuatro mil jinetes escogidos, armados de corazas resplandecientes como estrellas, cubiertos sus caballos con caparazones de seda de dobles forros: seguía la caballería andaluza y africana, gente aguerrida que se había distinguido en las más peligrosas ocasiones… Acometieron a los cristianos, y aunque eran los héroes de su tiempo, que todos habían entrado en muchas batallas y eran gente avezada a los horrores de las peleas, los atropellaron y rompieron sus almafallas, y se volvieron sobre ellos como dragones, y se pusieron en desordenada fuga, dejando el campo regado de sangre. Siguió Abdelmelik el alcance con su caballería, y reparados los cristianos en unos recuestos y pasos difíciles, se renovó la cruel batalla. Los infieles (continúa su crónica) pelearon como rabiosos tigres, y allí los muslimes padecieron mucho. A favor de la oscuridad que sobrevino se retiraron los cristianos a sus ásperos montes, y los musulmanes viendo la horrible pérdida que habían sufrido se volvieron a las fronteras, y de allí por Toledo a Córdoba». Esta fue la última campaña de Abdelmelik. A poco tiempo le acometió una grave enfermedad, de que sucumbió en Córdoba en el mes de Safar de 399 (octubre de 1008) con gran sentimiento de los buenos muslimes, y no sin sospechas de que hubiese sido envenenado.
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Historia General de España 03
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Historia General de España 02
Desembarazados de este episodio, volvamos la vista hacia la situación de los demás estados de España al tiempo que comenzaba a reinar en León Ramiro III.
Habíamos dejado en 912 establecido en Barcelona al conde Sunyer o Suniario, hermano de Borrell I, e hijo segundo de Wifredo el Velloso. Lo mismo que los reyes de León y de Navarra, había dividido Suniario su tiempo entre la devoción y la guerra, fundando y dotando monasterios y peleando con los musulmanes fronterizos. La suerte de las batallas le privó de su hijo primogénito Ermengaudo o Armengol, a quien amaba tiernamente y a quien había dado alguna participación en el gobierno, y titulaba conde de Ampurias. Asoció entonces el apesadumbrado conde en el mando al mayor que quedaba de sus hijos nombrado Borrell, en cuyas prendas cifraba también grandes esperanzas, y en quien por último vino a descargar todo el peso del gobierno, retirándose él a un monasterio, donde vistió el hábito religioso, y donde falleció en 15 de octubre de 953. Quedó, pues, Borrell II de conde soberano de Barcelona (954), rigiendo solo el estado hasta 956, en que entró su hermano menor Mirón a compartir con él el solio, acaso porque así fuese la voluntad testamentaria de su padre. Mas como sobreviniese a Mirón una muerte anticipada (31 de octubre de 966), quedó otra vez Borrell II solo para contrarrestar las tormentas que no habían de tardar en amenazar a Cataluña como a los demás estados cristianos españoles. Promovió entretanto el segundo Borrell las fundaciones religiosas, y agregó a su corona el condado de Urgel por muerte sin sucesión de otro Borrell primo suyo, titulándose duque y príncipe de la Marca Hispana, aún cuando los demás condados no viniesen vinculados al de Barcelona, pero al cual iban de esta manera incorporándose. Este era el conde soberano de Barcelona al advenimiento de Ramiro III al trono de León.
Modesto Lafuente
Historia General de España 02
Y en la Gaceta de Madrid de 30 de octubre de 1824 se publicaba la sentencia siguiente:
«Francisco de la Torre, de estado casado, de edad de cincuenta y cinco años, natural de Córdoba y vecino de esta corte, de oficio zapatero, Justo Damián, Joaquín del Canto, María de la Soledad Mancera, Dolores de la Torre, Ramón Fernández, Antonio Fernández, Francisco Susanuga, Roque Mirar (prófugo), Juan de la Torre y María del Carmen de la Torre: resultando estos procesados hallarse confesos y convictos del delito de tener en su casa colgado a la vista el retrato del rebelde Riego, y conservado el nefando folleto de la Constitución: vista la causa en 24 de setiembre último, ha sido condenado el Francisco a llevar pendiente del cuello el retrato hasta la plazuela de la Cebada de esta corte, para que presencie la quema pública del mismo retrato por mano del verdugo, y que además sufra la pena de diez años de presidio con retención: que la María Soledad Mancera, su mujer, en consideración a su sexo y a la culpa que resulta contra ella en la conservación del retrato del mismo Riego, y a la irreligiosidad que usó con una estampa de la Virgen nuestra Señora, sufra asimismo la de diez años de galera…». ¿Qué falta hacia la inquisición religiosa dónde la inquisición política se encargaba de resucitar los autos de fe, con sus procesiones, sus quemas en estampa y sus sambenitos?
Título original: Historia General de España - I
Modesto Lafuente, 1850