miércoles, 13 de mayo de 2026

Pero las norias eran bonitas

Pero las norias eran bonitas, en cualquier caso y, de niño, su funcionamiento me fascinaba, ya antes de acercarme, con su tic-tic-tic de reloj acuático. En La Mancha, vi una vez una noria con arcaduces de barro cocido: emergían de un maravilloso color rojo, vertían el agua, y el escaso tiempo que estaban al sol era suficiente para que se secase parte de su superficie o para que el barro pudiera absorber la película de líquido como una esponja, como si tuviese una inaplacable sed. SEGUNDO ABECEDARIO. José Jiménez Lozano.