Muerte del pajarillo
Llorad, las Venus y Cupidos,
y cuantos hombres veneren la belleza:
ha muerto el pajarillo de mi niña,
el pajarillo, delicia de mi niña,
al que más que a sus ojos ella amaba,
pues era meloso y conocía a su dueña
tan bien como a su madre una chiquilla
y no se apartaba de su seno
sino que saltando alrededor de un lado a otro
solo a su dueña sin cesar piaba;
ahora él va por el camino tenebroso
allá de donde dicen que no regresa nadie.
Malditas seáis pues, malévolas tinieblas
del Orco, que devoráis todo lo bello:
tan bello pajarillo me arrebatasteis.
¡Qué desgracia! ¡Oh pobrecillo pajarillo!
Ahora, por tu culpa, los ojillos de mi niña
están rojos, hinchaditos de llanto
Cayo Valerio Catulo
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