Así mientras las altas sierras producen en abundancia maderas de construcción y canteras de jaspes, mármoles y alabastros, en los pingües pastos de sus valles y cañadas se apacientan ganados de todas especies, que dan al hombre sustento y vestido; las llanuras y riberas le suministran con prodigalidad todo género de cereales, variedad de exquisitos vinos y de sabrosas frutas, y los mares de sus costas le surten abundosamente de pescados. Las minas de ricos metales con tal profusión derramó la Providencia en este suelo, que tomaríamos por fábulas o por brillantes hipérboles las noticias que de ellas nos dejaron los antiguos geógrafos e historiadores, si de ser verdad y no ficción no viéramos todavía en nuestros tiempos tantos y tan irrecusables testimonios. «En ningún país del mundo, decía ya Estrabón, se ha encontrado el oro, la plata, el cobre y el hierro, ni en tanta abundancia ni de tan excelente calidad como en España». Hablannos todos los autores de aquellos apartados tiempos de montañas de plata (Argentaríus mons), de ríos que arrastraban arenas de oro; y el mismo Estrabón llama repetidas veces al Tajo: Tagus aurifer, auratus Tagus, Tagus opulentísimus.
Modesto Lafuente
Historia General de España - I
Historia General de España 01
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